miércoles, 24 de octubre de 2012

Domingo Faustino Sarmiento. Vecino frustado de la ciudad.


 
Augusto Belin Sarmiento, nieto de Domingo Faustino, se desempeñó como Bibliotecario del Museo de nuestra ciudad cuando este era denominado Museo Antropológico y funcionaba provisoriamente en la calle 6 entre 47 y 48.
En el año 1886, a instancias de su abuelo se dirigió al gobernador D’Amico con la intención de que se le “cediese al Capitán Sarmiento tierras en La Plata, en carácter de permuta por la quinta de Chivilcoy y que mientras residió en Estados Unidos, fue ocupada parcialmente por el F.C.O (Ferrocarril del Oeste) para levantar el edificio de la estación”. Concluía la presentación expresando que ella estaba inspirada en la voluntad de Sarmiento  “de establecer su domicilio y pasar algunos de sus postreros años en la nueva y grandiosa Capital de la Provincia de Buenos Aires a los que tantos servicios había prestado”.
 
Domingo Faustino Sarmiento junto a su nieto Agusto
Deslumbrado y entusiasmado con la visión de la ciudad que había palpado en sus visitas a la “Nueva Capital”, Domingo Faustino Sarmiento, a sus 75 años, pretendía radicarse en la ciudad. El mismo había hecho saber su voluntad públicamente en un artículo aparecido en “El Nacional”:


“… A veces me viene la idea de irme a establecerme allí, (se refiere a La Plata) nada más por ser habitante de una ciudad que parece un rosal espléndido de primavera, como los que vi delante de una casa (aún en construcción) con escasas flores abiertas, pero acompañadas de racimos de botones que empezaban a abrir …” (1)

El Gobernador  D’ Amico ante la solicitud que considera justa envía un mensaje a la Cámara de Senadores pidiendo que esta no sea desestimada “máxime que el recurrente expresa sus deseos de radicarse en La Plata”
La Cámara Alta trató este proyecto sobre tablas en la sesión del 13 de mayo de 1886 autorizando al Poder Ejecutivo a llevar a cabo lo solicitado. Fue el Senador Ortiz de Rosas quien interpretando el sentir unánime del Cuerpo expreso en un pasaje de su intervención:


“… que si no mediaran las razones de equidad, existirían las consideraciones de gratitud que la Provincia le debe a Sarmiento.”

Senador Ortiz de Rosas
 
El 11 de agosto el proyecto de ley fue tratado por la Cámara de Diputados. El diputado Calderón, que precisamente era oriundo de Chivilcoy fundamentó la decisión expresando:
“Todo lo que se pueda hacer por un hombre tan eminente como el Capitán Sarmiento, siempre será poco.” “… tenemos que manifestar por lo menos, que hay sentimiento de agradecimiento del pueblo que favoreció sacrificando toda su vida.”
A su turno, el diputado Botet fue más lejos. Según su parecer la Provincia no podía hacer un negocio  con una personalidad como Sarmiento.  Con la permuta se le iba a conceder una baratija cuando lo que correspondía era una demostración cabal de gratitud. Por esto propuso que se autorice a la Provincia a “donar en propiedad al señor General Domingo Faustino Sarmiento una quinta de cuatro manzanas dentro del ejido de la ciudad.”
 
Diputado Osvaldo Botet
 
Aprobada esta propuesta, el proyecto volvió al Senado que el 17 de agosto sobre tablas lo convirtió en Ley.
Ante esta nueva situación Sarmiento rechazó la donación ya él consideraba que lo justo era que el  Estado lo indemnizara por el usufructo que había hecho de su propiedad  sin su consentimiento y que lo aprobado era desproporcionado con su pedido.
Notificado de la actitud del beneficiario el Senado volvió a tratar el tema el 26 de octubre anulando la Ley aprobada y autorizando a la Administración del Ferrocarril a indemnizar a Sarmiento por haber ocupado sin cargo por más de veinte años su quinta de Chivilcoy.
La Cámara de Diputados aprobó el proyecto el 27 de octubre sobre tablas, por que, según manifestó el diputado Ugalde era “… urgente sancionarlo tanto por las obligaciones que la República tenía con Sarmiento como por que hallándose muy enfermo, toda demora sería perjudicial”.
El Ferrocarril hizo efectiva la indemnización con la suma de $ 20.000 que fueron utilizados en buena parte en costear la asistencia de su enfermedad y el viaje al Paraguay al que  Sarmiento fue a radicarse y donde finalmente falleció.
De esta manera, a raíz de una actitud que una vez más hacía docencia cívica, la ciudad de La Plata perdió un vecino ilustre pero, aunque sea indirectamente, contribuyo a aliviar las penurias económicas de un hombre que consagró su vida al bien de la República.
 
 
(1) Citado por Carlos Heras. Sarmiento y sus recuerdos sobre los comienzos de la ciudad. Municipalidad de La Plata. La Plata 1939.

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